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| Pandillas
de Nueva York (Gangs of New York / EE. UU. - 2002) De
Martin Scorsese. Con Leonardo DiCaprio, Cameron Diaz,
Daniel Day-Lewis, Liam Neeson, Henry Thomas. Producido
por Harvey Weinstein, Alberto Grimaldi, Martin Scorsese.
Escrito por Ken Lonergan, Steven Zallian, Jay Cocks, Martin
Scorsese, Kenneth Lonergan. |
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Sitios relacionados
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Página
oficial de Pandillas de Nueva York
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Pandillas
de Nueva York
Una Nueva York casi grandiosa
Escribe
Jimmy Carrillo/
agenciaperu.com
n
espléndido combate con hachas y cuchillos parecía
el prólogo perfecto para la historia de un muchacho
huérfano inmerso en dudas hamletianas: la violencia
como raíz del problema, el destierro, la usurpación
del "trono" de su padre. Pero lo cierto es que "Pandillas
de Nueva York" no logra tal aspiración, y más
bien es un intento por aproximarse a esta historia. Película
casi grandiosa, esta es una obra llena de escenas donde pareciera
que la recreación de una época es más
importante que la narración en sí.
Y es que,
pese a las dotes de superproducción hollywoodense,
en esta cinta atípica en la filmografía de Martin
Scorsese se pueden apreciar más de uno de los elementos
recurrentes en sus obras: sociedad, familia, honor, grupo,
violencia, creencias.
Precisamente,
en base a aquellos ideales, el director intentar recrear un
fresco sobre la formación de grupos en una sociedad
con las características de la Nueva York de inicios
del siglo XIX: Guerra Civil, emigración extranjera,
formación del Estado y sus leyes, la autoridad y, en
si, de una identidad como Nación.
Las pandillas
de la cinta son grupos enlazados por vínculos raciales,
culturales y religiosos, que se desenvuelven en un entorno
(Los Cinco Puntos) donde crean sus propias normas sociales,
al margen de la "ley" o, en todo caso, con una presencia
que linda más con la complicidad en el delito.
De allí
que la violencia de las continuas peleas callejeras sea una
reacción de defensa frente al otro, al extraño,
al que no comparte la creencia o la "nacionalidad".
Los enfrentamientos se dan por un espacio en la sociedad que
se forja, y que está segmentada.
El marco
parece perfecto, sin embargo falta algo: la receta no logra
que la mezcla resulte sabrosa. ¿Por qué? ¿Por
qué esta película no llega a ser genial? Porque
la recreación de este contexto histórico no
logra acoplar toda la historia, este fresco social que se
intenta realizar.
Por eso,
los protagonistas de la película muchas veces dejan
de ser Leonardo di Caprio, la salamera Cameron Díaz,
o el excelentemente grandilocuente Daniel Day Lewis, y pasa
a ser una gran gama de efectos visuales que no logran enfatizar
escenas, contextos o actitudes de los personajes, sino que
resaltan el desenfreno y la parafernalia (algo con lo que
el director jugó en "Bringing Out the Dead"),
que debería ser sólo una de las aristas del
relato y no el eje de la obra. Así, el detalle se pierde
en el exceso y derroche visual, no sólo escenográfico,
estorban en algo el buen desarrollo del film.
Esto no
ocurre en la ya mencionada escena inicial. Allí, Scorsese
logra con temple y maestría una impresionante batalla
campal filmada en los estudios del Cinecittà, de Roma,
que logra ser el punto medio entre el desenfreno, la violencia,
los conflictos, los efectos visuales y una utilización
asombrosa del "steady cam".
En esa
línea, y para poner otro buen ejemplo, el final de
la cinta es más que interesante y significativo. Es
el clímax demencial de una violencia que desborda y
enloquece, y que sólo puede ser frenada por algo, paradójicamente,
más demencial aún: la mano dura, invisible,
y sobre terrenal (ahora en toda plenitud) de "la ley".
Es allí
donde todo parece cobrar significado. El ver a todas las partes
de los bandos morir en las calles, como si fueran parte de
lo mismo, de una hermandad que en realidad se diferenciaba
por los mismos valores y las mismas bases, hace pensar en
los valores sobre los cuales está hecha la violencia
siempre cotidiana, nos hace recordar a aquellos grupos de
gangsters que vivían como en familia o a aquellas almas
atormentadas que vagan por la gran manzana, en fin, aquellos
personajes tan queridos.
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