Violencia en barras bravas
Cecilia Valenzuela / agenciaperu.com
omo usted ha visto en la crónica negra de hoy, los enfrentamientos de las barras bravas sobrepasan los escenarios futbolísticos. Estos fanáticos violentos y avezados, protegidos en que son menores de edad, ya no sólo se agarran a cuchilladas en los estadios o en las afueras de los estadios. Ahora se masacran en las afueras de los quinceañeros en los barrios de la ciudad.
El nivel de impunidad que han alcanzado estos menores de edad, todavía, tienen entre 16 y casi 18 años y entienden perfectamente la diferencia entre lo legal y el delito; es inaceptable. Las autoridades municipales, la policía nacional, se han doblado frente a ellos.
Este fin de semana habrá clásico, y la Policía ha anunciado hoy que con su plata, con la de todos, con la mía, con la plata de los contribuyentes, los llevan y los traerán del estadio en camiones de la Policía.
En vez de afrontar el fondo del problema, de protegernos a los ciudadanos de los pandilleros de las barras bravas, a la Policía se le ocurre darles todas las facilidades para que se trasladen por la ciudad, avalando con ese proceder su comportamiento vandálico e ilegal. Las barras son ilegales. Sí, son ilegales porque la constitución, si bien ampara el derecho de reunión que tienen todos los ciudadanos, no permite la obstrucción de las vías públicas y menos aún el daño a la propiedad, la ofensa, el robo o el arrebato y menos el enfrentamiento que termina en lesiones y hasta en asesinato.
Lo que debe hacer la Policía es pedirle a un fiscal que dicte una orden de detención para los dirigentes de los clubes deportivos que les regalan las entradas a los cabecillas de las barras bravas que son quiénes dirigen y arengan, como lo ha visto y escuchado usted esta noche en la crónica negra, las bandas que asolan la ciudad. Los dirigentes de los clubes de fútbol deben ser encausados como autores intelectuales de todos los delitos que cometan esas bandas juveniles que ellos gestaron y continúan financiando.
La Policía esta para protegernos a nosotros, no a los delincuentes que nos roban, nos rompen los vidrios, nos agreden y siembran la violencia y el terror en las calles de la ciudad. |