Cuánto gana por hora un blanco en promedio en el Perú? ¿Están los negros más presentes en el sector público o el privado? ¿Ganan las secretarias mestizas lo mismo que las blancas? ¿Afecta la flexibilidad laboral más a blancos, andinos o mestizos?
En un informe presentado la semana pasada, la OIT señala que en muchos países los negros continúan con menores oportunidades laborales, y, en América Latina, también quienes tienen rasgos indígenas. Sin embargo, la discriminación racial en el Perú el sigue siendo tan difícil de abordar que inclusive las preguntas del párrafo anterior pueden parecen chocantes.
En otros países, al aceptarse la existencia de racismo en la esfera laboral, se pueden plantear medidas para enfrentarlo. En el Perú, en cambio, ni siquiera se realizan estudios para mostrar cuáles son los grupos más presentes en determinadas profesiones o actividades o la existencia de brechas salariales por motivos raciales.
Aunque cada vez existen más ingenieros, comunicadores o médicos de rasgos andinos, mestizos o negros, los prejuicios de mantienen, negados pero omnipresentes, y se incrementan en relación al apellido o el lugar de residencia. Muchos empleadores consideran que las personas blancas tienen un origen social más distinguido y mayor preparación, que son más eficientes, saben expresarse mejor e imponen respeto a los clientes. “En el estudio sabían que era capaz, pero admitieron que contratar un abogado blanco les daba más prestigio”, me comentaba hace años un compañero de la universidad de rasgos andinos. En algunas empresas, se sigue pensando que un ingeniero blanco sabrá mandar mejor a los obreros.
Aunque la Ley 26772 prohibe desde hace diez años que se soliciten requisitos discriminatorios en las ofertas de empleo, cada domingo se publican numerosos avisos en El Comercio donde se exige “buena presencia” y/o fotografía reciente a color a médicos, secretarias o veterinarios. Estos requisitos aparecen también con frecuencia en el portal Universia, auspiciado por el Banco Santander, sea para dirigir un nido en San Borja o trabajar en el departamento de ventas del Círculo Militar.
Un consultor a cargo de seleccionar gerentes para laboratorios farmacéuticos, me confesaba que examinaban las fotos y descartaban a quienes no eran blancos, porque les habían pedido que cuidaran “la imagen de la empresa”. En el ámbito publicitario, la opción por comerciales “étnicamente puros” deja sin trabajo a muchos actores y modelos peruanos. Curiosamente, en varios canales de televisión que pretenden realizar reportajes sobre racismo, la diferencia de roles es marcada: mestizos, negros o andinos están a cargo de la parte técnica, pero quien sale en pantalla es el más blanco de todos.
El problema no sólo se da en el ámbito empresarial: hace poco una pequeña ONG dedicada a temas ambientales exigía también “buena presencia” para sus practicantes. La representante de una agencia de cooperación me confiesa respecto a otra entidad, cuyo nombre no me dio: “Es contradictorio que siempre haya estado dirigida por varones blancos y pretendan ser un agente de cambio en la sociedad peruana”.
En el caso de los negros, sigue siendo considerado elegante exhibirlos como cargadores en entierros de lujo, como el de Valentín Paniagua o porteros de hoteles y restaurantes en una evidente nostalgia del pasado colonial. He conocido una empresa que ofrece almuerzos criollos para empresas e instituciones y tiene el dudoso gusto de disponer que sirvan mujeres negras ataviadas como antiguas esclavas.
La aplicación de la Ley 26772 está a cargo de la Inspección de Trabajo, pero ante su pasividad, diversas personas hemos decidido dirigirnos directamente a los anunciantes, logrando que varios eliminen el requisito de la “buena presencia”. Algunas empresas, como DHL, Scotiabank o Lan Perú han aceptado también dejar de exigir fotografías, pero sería preferible prohibir legalmente su presentación.
El alcance de la Ley 26772 se limita a las ofertas de empleo. Si una persona es discriminada en la asignación de remuneraciones u otros beneficios, se aplica el artículo 323 del Código Penal, que establece penas de hasta tres años de prisión. Todavía, sin embargo, empleadores y trabajadores desconocen esta norma y la precariedad laboral puede llevar a que muchos discriminados se abstengan de denunciar.
El informe de la OIT elogia la labor de diversas entidades oficiales para enfrentar el racismo en el ámbito laboral, desde España hasta Argentina y desde México hasta Inglaterra. Brasil, un país que donde, como en el Perú, se negaba hasta hace poco el recismo, ha creado la Secretaría Especial de Promoción de Políticas de Igualdad Racial, con rango ministerial.
Un medio laboral donde la contratación, el sueldo o el ascenso pueden depender de los rasgos físicos de una persona es muy desalentador. Paradójicamente, el racismo también desmotiva a los propios beneficiados, porque sienten que no necesitan obtener notas altas o seguir cursos de especialización, porque siempre tendrán ventajas sobre sus compatriotas. De esta manera, toda la sociedad termina perjudicada. Por ello, el Estado peruano haría bien en abordar seriamente este problema.