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Escribe:
Leonardo
Aguirre (*) |
Mariana Paredes resuelve tajarse ambas muñecas y colmar una bañera con toda su sangre. Al mismo tiempo, en otra habitación, su madre agoniza lentamente en un estado de delirio. En ese preciso momento, Ulises García, un fantasma aquejado del “Síndrome del Espectro Frustrado”, se torna visible para impedir la desgracia. Éste es el plot del primer capítulo de “Gris”, novela corta del diplomático arequipeño Carlos Herrera.
Pero es una estafa. De ahí en adelante, la novela rueda cuesta abajo. Peor aún: ni siquiera rueda. No avanza, no retrocede. El incauto lector se hace muchas expectativas en las primeras quince páginas para después encontrar sólo la frustración y el desencanto.
Lo único destacable (es decir, rescatable) de este despilfarro de papel es el título. Porque resulta perfecto. Todo es gris. Ni blanco ni negro. Por ejemplo, la historia es morosa y no exhibe giros sorprendentes. Asimismo, los personajes carecen de particularidades memorables. Y la prosa, inflada por la contratapa, es plana, insulsa y vaga; quizá correcta y fluida, pero un autor que lleva cinco libros bajo el brazo (no bajo la manga) está obligado a ofrecernos un poco más que redacción oficiosa.
El fantasma funge de ángel guardián e intenta auxiliar a la muchachita extraviada. El padre está ausente desde el inicio de la historia y la madre muere bien pronto. Ulises gasta todos sus esfuerzos y poderes (más bien pocos) para hacer de su protegida una ciudadana ejemplar con una misión específica para continuar viviendo: consigue que la muchacha ingrese en la Academia Diplomática. Él mismo se ocupa de averiguar sobre los trámites y conseguir los prospectos. Fascinante, ¿no?
Los diálogos entre Ulises y Mariana son artificiales y, en ocasiones, también inconsecuentes. Botón de muestra: en lugar de preguntarle al fantasma, como cualquier ser humano normal, qué hace en sus ratos de ocio, la muchacha compone este parlamento: “¿cuáles son tus preferencias personales o, si lo prefieres, tu jerarquización de las producciones del espíritu humano...? Poco después, no se entiende cómo, el mismo personaje supera sus huachaferías para sentenciar: “Acuérdate: esto no es una dictadura. Es el Imperio de la Gran Concha”.
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GRIS, LAS VIDAS DE LA PENUMBRA
de Carlos Herrera.
2004 / Peisa
144 pp |
El subtítulo, “Las vidas de la penumbra”, también promete lo que Herrera no cumple. Mariana, continuamente, fastidia al espectro con las previsibles preguntas –tanto banales como metafísicas- que se haría todo lector con respecto a la vida ultraterrena, pero Ulises disfraza de ambigüedad su desconocimiento absoluto (o quizá la pobre inventiva del autor).
Por otro lado, Carlos Herrera chispea el argumento con referencias al contexto político y nos traslada al decenio de la dictadura fuji-montesinista. Pero son innecesarias. Constituyen un simple decorado fácilmente intercambiable. Sólo es un pretexto para engrosar la hiperbólica contratapa.
En suma, el único motivo de Carlos Herrera para publicar –bien se ve que con apuro- estas ciento cuarenta páginas para el sueño, y el olvido, parece haber sido nada más que una obligación contractual con la editorial correspondiente. |