LETRAS / COMENTARIOS DE LIBROS  
 
Mal Menor

J. B. NOTICIAS

Escribe:
Leonardo
Aguirre
(*)

Hay quienes juran que el periodismo es un género literario. Y hay quienes afirman que el periodismo es la prostitución de la literatura. Ni lo uno ni lo otro. Son cosas distintas. Chicha y limonada. Papas y camotes. Ciertamente, tanto el escritor como el periodista blandean la pluma. Pero, la verdad, entre ambos existe la misma distancia que separa al torero del matarife.

Últimamente han caído por esta Redacción volúmenes firmados por periodistas reputados. Desde el 2004 –por mencionar a los que recuerdo de inmediato-, he tenido ocasión de revisar las páginas de Eloy Jáuregui, Rafo León, Marcela Robles, Toño Angulo (la hizo linda en el sólido norte: los búfalos multiplicaron las ventas) y, ahora, Jaime Bedoya, editor de Caretas y autor de la columna que presta título al libro que tengo entre manos: “Mal Menor”.

Todos los ilustres mencionados son o fueron “cronistas” (como ellos mismos se califican para diferenciarse de la masa reporteril) pero, a pesar de ciertas licencias estilísticas, soportan o soportaron la tiranía de la miserable cotidianidad, la noticia fresca, la agenda política, y, desde luego, los parámetros del medio correspondiente.

Pero publicaron un libro. Buscaban la libertad y el prestigio que el periodismo niega y la literatura promete. Sin embargo, en la mayoría de los casos, sólo cambió el soporte. Subsistió la prosa despeinada, teñida, plagada de clisés y citas igualmente inútiles y pomposas. Subsistió el humor torpe que precisa de un “ja, ja, ja” entre paréntesis para merecer apenas una sonrisita perdonavidas. Creyeron que una foto en la solapa bastaba para convertir automáticamente al periodista (perdón, “cronista”) en escritor con mayúsculas.

No es el caso de Jaime Bedoya. Ya le sacó ventaja a sus coleguitas emancipados. Mientras los arriba mentados chapotean en la orilla con timidez, él bracea con seguridad hacia la ola. Y este lector disfruta con verlo nadar.

Porque nada con estilo. Es decir, tiene un estilo. Curiosamente, los libros de su gremio –inferiores en calidad- han merecido mayor atención mediática que “Mal Menor”. Bedoya sólo cosechó unas cuantas reseñas apuradas, apretadas y ambivalentes. No fue invitado a los sets de televisión. No recibió amenazas de linchamiento.

Pese a que “Mal Menor” también es una recopilación de textos escritos para el periodismo (iba a decir “para envolver pescado”, pero creo que el papel de Caretas no califica para ese menester), el autor ya lo abandonó por completo. Y para bien. La noticia, el contexto, la agenda es un mero pretexto. Sin duda, Bedoya tiene una libertad absoluta para escribir de lo que se le venga en gana.

Revisemos el índice. Por ejemplo, se nos promete una entrevista con Paul Bowles, Jimmy Santi o Raúl Di Blasio. Y se nos promete también algún comentario “iluminador” en torno al legado de Lowry, Salinger, los Stones o Janis Joplin. Pero esos “hombres notables” y sus respectivas gracias son apenas un marco referencial para que el autor devanee a gusto, y con buen gusto, sobre un abanico de temas igualmente fútiles y coyunturales. Por otro lado, las miserias de nuestra política y nuestra farándula (si acaso no son lo mismo) no tienen otra función que permitir el lucimiento de la prosa y el bagaje del autor.

Si el lector precisa de coordenadas antes de tomar el barco, me permitiré citar (¿exagerar?) las crónicas de Héctor Velarde y Antonio Cisneros, e incluso la picardía criolla de Ricardo Palma. Desde luego, no lo voy a comparar con sus coleguitas (otra vez: chicha y limonada).

MAL MENOR
de Jaime Bedoya
Editorial Norma
Lima, 2004
290 pp.

Y Bedoya no cita -como otros “cronistas”- con la pretensión acomplejada de “dignificar” un texto discreta e irremediablemente periodístico. Lo hace para exacerbar el sarcasmo. En “Mal Menor”, el autor tiene la (sana) frescura de apoyarse en Stendhal y Proust para repasar las curvas de las gemelas Bernaola. O echa mano de Cioran y Flaubert para celebrar los treinta y cinco años del exitoso “Chin Chin” de Jimmy Santi. Incluso, una meditación sobre el desarrollo de la física teórica le sirve de perfecto colchón para explicar un concepto tan esotérico como “La Hora Cabana” (de hecho, para zaherir al régimen, Bedoya es harto más cómico que Rafo León).

La creación de un alter ego como el poeta casmeño Dennis Angulo merece una mención aparte. Y merece la transcripción de un extracto de sus poemas circunstanciales. ¿Recuerdan la demagógica piyamada de Boloña en un pueblo joven? En el poema “Carlos Pueblo”, del volumen “Maleta 14”, el improbable Angulo escribe lo siguiente:

Repite tu credo con fuerza y en coro:
“¡Dormir con los cholos es algo que adoro!”.
Te arrullan las pulgas, te acuna la estera,
cambiaste el Old Parr por ralo Té Toro.
Allá los que insultan, (la envidia es rastrera).
Mas si acaso el asco y las náuseas marean,
¡BOLOÑA TRANQUILO!:
la ducha te espera.

De toda la peleadísima tabla de “cronistas” en pos del Parnaso, Jaime Bedoya es el único que, sin aspavientos, sin salpicar, sin hacer espuma, bracea con garbo, solito en la punta, hacia la ola siempre traicionera de la verdadera literatura.

 

mustrave@hotmail.com

 
 
   
   
COMUNÍQUESE CON LA SECCIÓN CULTURAL - PUBLICIDAD EN LA SECCIÓN CULTURAL
Derechos Reservados ® 2006 / agenciaperu.com / Lima - Perú