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LIKA MUTAL.
Foto: Naghib Ciurlizza |
El Ojo que Llora
La Comisión de la Verdad el 28 de agosto del 2003 hizo entrega al entonces Presidente de la República, Alejandro Toledo, sus exhaustivas investigaciones sobre uno de los temas más dolorosos que vivió el Perú durante las décadas del los 80 y 90. En sus páginas están los hechos crueles y sangrientos perpetrados por el Partido Revolucionario Sendero Luminoso y por miembros de nuestras fuerzas de defensa. Como resultado muchas personas fueron victimas del horror y la muerte.
La municipalidad de Jesús María, en actitud humanística, cedió una parte del Campo de Marte para conmemorar y respetar la memoria de nuestra historia. En sus jardines nacerá el proyecto La Alameda de la Memoria. Proyecto cuya finalidad es crear una cultura de conciencia para que la historia no se repita.
El Ojo que Llora es la primera escultura colocada por la artista holandesa Lika Mutal. Las lomas que la rodean han sido especialmente diseñadas por el arquitecto Luis Longhi.
La muestra fotográfica de Yuyanapac, que se realizó en la casona de Chorrillos, sirvió para unir a los peruanos con una verdad dolorosa. Cuando uno la visitaba quedaba impactado. Fue ese el primer paso que dio Lika para hacer posteriormente su escultura. Cuando salió de ahí y con el corazón lleno de pena se fue a su taller y lo primero que vio fue esa enorme piedra que la esperaba por años. Al verla se le formó la frase: El Ojo que Llora. Frase que significa La madre que llora sobre lo que hacen sus hijos el uno al otro.
El Dr. Salomón Lerner la ayudó a buscar auspiciadores. La Defensoría del Pueblo, IDEEPUC, el Movimiento de Derechos Humanos “Para que no se Repita”, la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos colaboraron con el proyecto. Para realizar la totalidad de la obra se contó con el financiamiento proveniente del sector privado. Cabe resaltar que tanto Lika como Longhi donaron su obra y trabajo.
En medio de árboles y a un metro de profundidad se yergue solitaria El Ojo que Llora. Alrededor de ella un laberinto circular hace el camino del santuario. Son las piedras pequeñas y planas que muy juntas van formando círculos de recuerdo. Hay nombres escritos en ellas, también fechas. Están unidas por un destino común. El recorrido invita a la paz y al recogimiento. Una alfombra de piedras diminutas y lilas constituyen el camino para el visitante. Los pasos las hacen crujir ligeramente. Lika nos dice que escogió ese color porque alude al Señor de los Milagros y que de pronto nos haría el prodigio de unificarnos como peruanos. Ella también dice: “El dibujo está basado en una estrella de trece puntos. Cifra que tiene que ver con las fases lunares. Es un laberinto dedicado a la madre tierra, a la luna, a lo femenino, a la maternidad, el don que da la vida versus la masculinidad que debería proteger la vida pero que en este caso la ha destruido. La dirección del memorial es hacia el sur. El sur es el fuego y el sol, entonces hay un matrimonio entre fuerzas. Están todos lo elementos. La piedra mira hacia la cruz del sur que en algún momento de la noche, cuando aparece en el cielo, se refleja en el agua”.
Simbólicamente este laberinto tiene un propósito para la artista. Invita a las personas a la reflexión y al diálogo. A crear conciencia de nuestra realidad.
Hay treinta un mil piedras. Muchos amigos, artistas, amas de casa, religiosos, con paciente amor, han ayudado a escribir los nombres. Los familiares conmovidos buscan a sus parientes para ofrecerles una oración, una flor, un recuerdo. Ellas descansan en orden alfabético. Hay muchos niños. Lika, sola, escribió el nombre de una niña de tres años en la última piedra.
Una madre la buscó. Le contó que su hijo era militar y que había muerto. Que lo enterraron con todos los honores en el ámbito militar. Esperanzada de no dejarlo en el anonimato civil le pidió a Lika que grabara su nombre en una piedra. Ahora su madre tiene un lugar donde encontrar a su hijo.
El Ojo que Llora es una gran obra que conmueve. Cada poro de las piedras comunica la inmensa desolación que produjo la violencia. No hay palabras, hay formas que expresan lo que dice Lika: Mi obra no es política sino humanística y llama hacia un despertar de conciencia sobre el terror y la violencia que afligen el mundo entero, como medios de buscar un cambio que esconde en realidad un afán de poder. Un cambio hacia una paz de múltiples aspectos es urgente tanto en el país como en muchas partes del mundo y hay que tratar de conseguirlo a través del diálogo, solidaridad y la responsabilidad de todos y cada uno de nosotros.
Y, en medio de la Alameda de la Memoria persiste una pregunta: ¿Habremos cambiado en algo después de la Comisión de la Verdad? |