Aunque antes nos habían presentado brevemente en una picantería de Arequipa, al poeta Pablo Guevara lo conocí cuando me concedieron el Premio de Poesía de la Universidad de San Marcos, 1992, del que él fue miembro del jurado. Meses después, cuando se le invitó a La república de los poetas un ciclo de lecturas en el Centro Cultural de la Universidad de San Agustín de Arequipa –donde trabajaba- consolidamos nuestra amistad. Recuerdo que horas antes de su recital, cuando el poeta almorzaba, un grupete de jóvenes resollantes le importunamos para proponerle que, luego de su lectura por la noche, pasara por La Morada del Buen Salvaje mi cuartito de estudiante donde tendríamos una fiesta en su honor. Y Pablo, sin pensarlo dos veces, aceptó. Aquella noche, después de la espléndida lectura del poeta, un batallón de jovenzuelos –en el que se hallaba una futura Miss Arequipa- nos dirigimos a casa para los preparativos, quedándose en el vino de honor Patrick y Melanie con la sagrada misión de llevar al poeta a la fiesta. A la hora indicada la casa estaba llena y el poeta no llegaba. Por entonces yo vivía en el distrito de Miraflores –que no tiene la connotación de su par limeño- en un pasaje ubicado curiosamente entre las calles Teniente Rodríguez y Teniente Ferré. Desde luego que los jóvenes encargados de llevar al poeta, conocían la casa; sin embargo, ni ellos ni el taxista que los conducía pudieron encontrar la callejuela. Entonces después de dar vueltas y vueltas –según me contaron después- empezaron a preguntar a los transeúntes. Estaban en la posición correcta; es decir, en la calle de los Tenientes; no podían perderse. Así, ante el despiste de los jóvenes cicerones, el taxista a punto de rendirse le dijo al poeta: “Doctor, en este sector sólo hay dos calles con los nombres Teniente Rodríguez y Teniente Ferré. ¿A dónde vamos? Y Pablo le contestó: “A la calle del Teniente Gonzáles”.
Total, cuando al fin llegaron, recibimos al poeta con vino, vítores y una corona de laurel. Cuando traspuso el umbral de la puerta, sentí que Virgilio, que Tiresias ingresaba en mi cuartito de estudiante. |