DE PORTADA  
Juan Javier Salazar:
“Nuestro arte tiene mente de colonia”
Entrevista de Jimmy Carrillo
+ ver obras de Juan Javier Salazar

¿Qué entiendes por patria?
Te voy a dar una respuesta rapidísima y que sí funciona, que sale una carta de José Saramago donde éste habla de un viaje a Europa, a donde vuelve para recibir unos premios y cobrar una cantidad de dinero. Él asegura que su vida es fascinante, ya que lo reciben bien en todos lados, le dan de comer y tiene conversaciones maravillosas, pero en su carta hay una tristeza, porque el país que él ha construido en su obra está dejando de existir. “La patria sólo existe en la mente de los intelectuales, y para las masas es la carnada con que todo el sistema los esclaviza siempre”, asegura.

¿Crees eso?
Bueno, por lo menos me parece una respuesta bonita… y pendeja también. Es decir, los artistas creamos la patria en nuestro corazón porque es básicamente nuestro entorno. El día que la Bolsa de Nueva York sea más importante para mí que lo que le está pasando a mi vecino, ese día me voy a preocupar. Esas cosas me aterran. Hay un ‘de aquí hasta afuera’…

Además de una idea de comunidad que no siempre es compartida por todos.
En el Perú la gente está en fuga, tal vez en cámara lenta, pero está en fuga. Y este concepto de país no sólo se está desperdigando, sino que además está comenzando a crear sus propios fetiches en las comunidades peruanas en el extranjero, donde se desarrollan a su manera. Es decir, el Señor de Los Milagros en Nueva York tiene una plenitud de peruanidad que es desconocida en el Perú.
Definiría el concepto de patria como un concepto de adentro para afuera. Hasta donde puedas llegar. El Perú fue en algún momento no sólo un territorio administrable, sino un imperio en términos de su poder, en relación con sus vecinos. De hecho, en mis cojines con forma de Perú, pongo a Chile como la cola de un jaguar. Eso es tal vez el mayor sarcasmo que pueda hacer en este momento en que Chile se está comiendo al Perú.

A lo largo de tus obras hay una idea que se repite, y es el reconstruir la historia, pero desde tu propia versión, tu punto de vista. No la historia que cuentan en los libros, aquella de héroes, batallas y presidentes.
Hay un interés de ‘inversión’, quiero decir, invertir esa historia. Por ejemplo, para mí es ridícula una frase como “hasta quemar el último cartucho”. Esa es una frase perdedora. Lo que tú tienes que hacer es que tu enemigo queme su último cartucho. Sin embargo es un lema que está en todos los uniformes del Ejército Peruano, en toda su papelería, y es prácticamente una bandera de derrota. Lo que alguna vez propuse era sólo agregarle una letra más para convertirla en un lema imperial, que era: “hasta quemar el último cuartucho”, ya que cuando quemabas el último cuartucho era porque habías avanzado un montón.

+ ver obras de Juan Javier Salazar

La idea se convirtió en un objeto, que también era una inversión: dos esteras tejidas en cruz, que invierten un proceso de producción que tiene 8 mil años, y que tiene incluso una definición: con cuatro paredes planas envuelves un vacío, pues el vacío es el que le da sentido a este espacio. Lo que hice fue romper ese patrón para crear un punto en el medio que no sirviera para nada. Las esteras las puse sobre una estructura de fierro con ruedas, invertí completamente el concepto, el cual sería ‘irse’. A esta estera en cruz, con ruedas y demás, le añadí unas rayitas de caña, la hice chueca para que parezca en movimiento cuando le toman una foto. Pero es una cosa enorme, grande, que la ves y es arte contemporáneo, conchudo, como debe ser el arte contemporáneo para ser bueno, y muy peruano. Sin complejos. Porque nuestro arte tiene mente de colonia, que es algo típico en las sociedades que han sido implantadas, donde el mestizaje no ha llegado a cuajar de una manera armónica o funcional.

Formaste parte de un grupo que ha influido bastante en las plásticas contemporáneas: el Grupo Huayco. ¿Notas algo de Huayco en los jóvenes artistas actuales?
Creo que no tanto por el lado de Huayco, directamente. Pienso que el artista plástico tiene un interés más en la cultura que en la estética, y no se trata de ser un intelectual, sino en tratar de encontrar la magia que hay en la vida, y que puede tener una morfología de muchos tipos. Yo no estoy en contra del arte abstracto, pero sí a favor de un arte que sea sincero e intenso, y no necesariamente decorativo.

¿Crees que eso se da en la actualidad?
Se da y mucho. Incluso el arte político y conceptual se empaqueta y termina a un nivel de regalo. Con la recesión, la producción de arte peruano es sumamente acabado y formal, porque todo el mundo quiere vender. Pero lo que falta es arriesgar. Creo que con el fin de la bipolaridad, las nuevas generaciones se empeñan más que nada en hacer méritos, pues ya no hay la posibilidad de jugar con dos sistemas ideológicos o, por último, no estar en ninguno de los dos y ser un anárquico. Como alguna vez lo dijo un tío mío: “El mundo se está volviendo fashion”. El sistema, por una razón meramente económica, está creando caricaturas, patrones y arquetipos, y el mundo se está ‘hibridizando’ un poco. El papel del artista en estos momentos es el de volver a abrir todas las posibilidades. De hecho Internet fue un gran paso, en este sentido. Lo que sucede ahora es que, después de 100 años, las tecnología está permitiendo que las artes visuales se vuelvan baratas, y salgan de las casas de los millonarios para volver al mundo, a cualquiera.

+ ver obras de Juan Javier Salazar

Se podría decir, en todo caso, que tu respuesta a este fenómeno que me detallas es el tipo de arte que estás haciendo: arte en serie, que va casi por la artesanía, que puede llegar fácil a las manos de cualquiera, como es el caso de los cojines en forma de Perú.
Cometí un error, que fue hacer un producto de mediano precio para una clase media que ya no existe. La gente de plata siguió comprando cuadros en 10 mil dólares, pero a algunos no le sobraban 10 soles para comprar un grabado. Eso fue parte de mi experiencia. Creo que todo sirve. Me ha servido estar pobre como cualquier persona cerca de cuatro años seguidos, día a día, y pensando día a día, que es uno de los problemas en el Perú: las gentes salen de sus casas y se preguntan, ¿y hoy día cómo terminará todo?

Eso sucedió haciendo este trabajo.
Sí, no tenía taller ni materiales, y me invitaban a ciertos lugares porque era alguien más o menos conocido.

¿Qué te llevó a hacer estas cerámicas y cojines con la forma de Perú?
He sido bien contreras. He tratado de trabajar en muchos medios, y de divertirme conociendo técnicas nuevas. Sé de muchas cosas: he trabajado con cerámica, en confección, soldando, es decir, me he metido un poco por todos lados. Pero, en mi caso, el tema patriótico, de estado y geografía, es recurrente. No se pude negar que sí soy un poco chauvinista.

¿Por qué? ¿Cómo así surgió este interés?
Cuando estudiaba en la Escuela de Bellas Artes tenía un profesor chauvinista, que era persona encantadora, cusqueña. Su nombre era Atilio Sivirichi. Lo recuerdo con mucho afecto porque me enseñó a sentirme orgulloso de vivir en un país, o en una tierra, que había producido una de las culturas autóctonas más importantes del planeta. Nos habló de muchas cosas que después he leído en estudios de investigación de María Rostworowski y de otros historiadores. Me formaron para ser un artista peruano, orgulloso de salir de un sitio donde ser artista no era ser cualquier cosa.

Hay cierto sarcasmo en dar el Perú a las personas, a través de tus obras, para que estas se lo lleven donde quieran. Como el tener la patria en la mano.
De hecho muchísimos están fuera del Perú. Tengo un cliché que me encanta, y es que “nadie ha vendido tanto el Perú como yo”. Ni los políticos.

Esto tiene mucha relación con lo que hablábamos sobre patria. Para muchos es algo que se relaciona con varias cosas en específico: comida, amigo, el barrio, la ciudad, la historia. ¿Pensaste en algo de eso al hacer este trabajo?
Bueno, todo lo que tú has mencionado en realidad nos divide. No nos junta, sino que nos divide. Pero vuelvo a lo de Saramago: “La patria es un invento de los artistas para que los políticos puedan esclavizar a los pueblos”.

Y si eso es la patria, ¿qué son los héroes de la patria?
Los héroes siempre son militares, y siempre pierden, en nuestro caso. Hay algo muy terrible que está escrito en un documento de Lucho Hernández: “Yo nunca fui dueño de la felicidad, pero la he perdido cuatro o cinco veces por lo menos”.

 
 
TAMBIÉN EN 'DE PORTADA'
VER MÁS EN TODA LA SECCIÓN
COMUNÍQUESE CON LA SECCIÓN CULTURAL - PUBLICIDAD EN LA SECCIÓN CULTURAL
Derechos Reservados ® 2006 / agenciaperu.com / Lima - Perú