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 Investigación  
03 de junio del 2004
Exclusivo: la historia clínica de ex agente del SIE

La Rosa “manipula la situación según su conveniencia”

> DESDE 1994 La Rosa fue diagnosticada como una paciente que padecía personalidad anormal y neurosis histérica conversiva motivada por situaciones de alto estrés.
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El interrogatorio

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Escribe César Hildebrandt Chávez / agenciaperu.com

Agenciaperu.com tuvo acceso a dos exámenes que hacen referencia al diagnóstico de la suboficial Leonor La Rosa en diciembre de 1994, tres años antes de que ella denunciara haber sido victima de torturas. Entre los rasgos de la personalidad que destacan estos informes se señala “neurosis histérica y personalidad anormal, como rasgos psicopáticos”.

Los diagnósticos psiquiátricos describen el cuadro psicógeno que desde 1994 se detectó en Leonor La Rosa. Si bien estos documentos no pretenden demostrar que lo que le ocurrió a La Rosa 3 años después, en 1997, fue una ficción, un invento o una creación de la suboficial, sólo pueden aportar al conocimiento estricto de la personalidad de Leonor La Rosa.

Este equipo recogió, además, los testimonios de dos médicos del Hospital Militar donde la atendieron personalmente, en 1997, precisamente después de haber sufrido los vejámenes que ella describió. Las versiones de estos especialistas contradicen lo dicho por La Rosa y por su abogado, el congresista Heriberto Benítez.

SIN CONCIENCIA

El documento obtenido es la evaluación es un peritaje medico legal practicado a La Rosa el 3 de diciembre de 1994. 8 meses antes, en abril de ese año, La Rosa llegó al servicio de sanidad con problemas de cefalea, es decir dolores de cabeza. Según el informe, "por problemas de relaciones interpersonales en su unidad."

La suboficial La Rosa dijo que sentía adormecimiento en la piel de la cara, una sensación de que se le recogía la piel, calor, y mareos. Además, indicó que sentía confusión, nauseas, vómitos y visión borrosa. En abril de 1994 fue llevada de emergencia la Hospital Militar Central. Estando allí, la paciente agregó que sentía falta de fuerzas en la parte izquierda de su cuerpo y fue internada en Neurología.

El informe al que agenciaperu.com tuvo acceso, y que fue fechado en diciembre de 1994, 3 años antes de las presuntas torturas que denunció, tiene la firma original del entonces jefe del departamento de Salud Mental, el doctor Wilelmo Zorrilla.

Los resultados fueron: neurosis histérico conversiva y personalidad anormal con rasgos psicopáticos. Estrictamente, ese fue el resultado de la evaluación de Leonor La Rosa en el Hospital Militar Central en diciembre de 1994.

El propio doctor Wilelmo Zorrilla nos autorizó citar su versión del diagnóstico hecho a la ex agente de inteligencia el año 1994. En este documento se lee:

"Ella tenía síntomas tan contundentes que se pensó que el problema era físico. Ella decía que la mitad de su cuerpo no se movía. Se hicieron tomografías, iba a medicina física pero no mejoraba. Los exámenes neurológicos y radiográficos arrojaron que físicamente estaba perfecta".

El documento agregó:

“Ante estados de tensión y stress reacciona con sintomatología somática. Manipula la situación según su conveniencia. Fuerte deseos de dominio y aprobación social. Comenta con lujo de detalles su enfermedad colocándose en el papel de víctima”.
(…)
“Portadora de una personalidad mal estructurada. Manipula la situación según su conveniencia. (…) Tiene un fuerte deseos de dominio y aprobación social (…) Diagnostico: neurosis histérico conversivo. Personalidad anormal con rasgos psicopáticos”.

En 1994, los exámenes determinaron que la paciente Leonor La Rosa Bustamante padecía únicamente de trastornos psiquiátricos. Por esa razón, el documento sólo esta firmado por médicos de esta especialidad.

MÁS INFORMES

El diagnóstico de neurosis histérica y personalidad anormal, como rasgos psicopáticos aplicados a Leonor La Rosa, fue confirmado en un segundo informe reservado del 14 de diciembre de 1994.

El documento lleva la firma del entonces director general del Hospital Militar, Manuel Pancorbo Rivera, quien determinó que la paciente debía estar en rehabilitación durante 6 meses y la calificaron con el grado de aptitud psicosomática C, es decir "paciente en tratamiento con restricciones para trabajar".

El 15 de setiembre de 1995, después de 6 meses en rehabilitación, a La Rosa se le realizó otro peritaje médico. La “neurosis histérica y la personalidad anormal con rasgos psicopáticos” fue confirmada. La paciente fue sometida a otros 6 meses de observación.

El 13 de agosto de 1996, después de un año y 9 meses de tratamiento farmacológico, la paciente logró recuperarse. Recibió, además, psicoterapia individual y su pronóstico era "bueno". Le dieron el grado de aptitud psicosomática "A", es decir "paciente recuperado sin restricciones para trabajar".

Este informe también esta firmado por el doctor Wilelmo Zorrilla. Al respecto, el doctor fue claro en señalar: "Cuando uno tiene estos trastornos de personalidad, uno no se cura. La personalidad sólo se compensa y el paciente aprende a manejar su conducta, pero los rasgos quedan".

La conclusión de ambos doctores fue contundente. Los trastornos de personalidad nunca se curan; y en el caso de Leonor La Rosa el diagnóstico fue neurosis histérica incentivada principalmente por factores de stress, por presiones en el ámbito laboral, es decir en su trabajo. Este diagnóstico fue confirmado hasta en tres informes oficiales del Hospital Militar Central.

Tres años después, el 19 de febrero de 1997, la paciente fue interrogada en el Servicio de Inteligencia del Ejército. Médicos especialistas podrían calificar esta situación como generadora altos niveles de estrés.

EL INTERROGATORIO

> ¿ES CIERTO QUE FUE LA ROSA QUIEN FILTRÓ LOS PLANES “BERMUDA” Y “NARVAL”? O eso fue lo que ella dejó que todos creyéramos. Es hora de saber la verdad. Hay cuatro familias que pueden estar pagando, injustamente, por una mentira.

Leonor La Rosa ha contado que en la madrugada del 19 de febrero de 1997, durante los interrogatorios, la torturaron, violaron y quemaron con una pistola de soldadura. Pero, la investigación del periodista Ricardo Uceda señala contundentemente que ese día el principal torturador, Ricardo Anderson, tenía una pierna enyesada desde el muslo hasta el tobillo, es decir, se encontraba incapacitado para golpear, violar o torturar a cualquier persona.

Uceda ha recogido testimonios que indican que en la mañana del 19 de febrero del 97, es decir, horas después de la supuesta tortura a la suboficial, varios testigos la vieron caminar normalmente sin mostrar ninguna señal de maltrato físico o tortura.

Sin embargo, lo cierto es que esa tarde del 19 de febrero de 1997, Leonor La Rosa sufrió un sangrado vaginal y se desmayó. La llevaron al Hospital Militar Central y estuvo en observación durante 24 horas. Recién dos días después, el 21 de febrero fue intervenida para hacerle una limpieza vaginal, es decir un legrado aséptico.

Durante la intervención, la paciente sufrió un paro cardiorrespiratorio. Incluso, necesitó ser revivida con descargas de electricidad. Después, la llevaron a Cuidados Intensivos y luego al Departamento de Rehabilitación. Pero el paro cardiorrespiratorio que sufrió es un evento muy importante en la historia clínica de Leonor La Rosa que no puede pasar desapercibido.

LA ROSA FUERA DE CÁMARAS

Agenciaperu.com se contactó con el doctor Jesús Noriega, en 1997 jefe del Departamento de Rehabilitación del Hospital Militar. Él atendió a Leonor La Rosa después de la operación en la que sufrió el paro cardiorrespiratorio.

Noriega aseguró por teléfono que La Rosa “tenía secuelas neurológicas que impedían la deambulación, tenía una cuadriparesia, o sea un compromiso motor de los cuatro miembros. La causa de la lesión era una encefalopatía hipoxicoanoxica, esto es cuando se produce un paro cardiaco, la falta de riego, la falta de oxigeno lesionan el cerebro cuando hay un tiempo prolongado con falta de oxigeno”.

Sin embargo, según la versión de Leonor La Rosa ella quedó como está porque durante los interrogatorios le lesionaron violentamente la columna. Sin embargo, todos los exámenes médicos, todas las evaluaciones neurológicas determinaron que no tenían ningún daño en la columna, que ésta estaba intacta.

Por lo tanto, para los doctores que la evaluaron, lo único que pudo haber producido la parálisis de Leonor La Rosa fue el paro cardiorrespiratorio de sufrió durante la operación.

Noriega dijo a propósito: “Puedo decirle y afirmarle que la secuela que quedó con Leonor La Rosa fue producto de este paro cardiaco y esta lesión cerebral como consecuencia del paro. El correlato que hay entre causa y efecto es demasiado evidente como para atribuirlo a otra cosa”.

La Rosa mostró heridas en las manos por primera vez el 6 de abril de 1997, mes y medio después de haber sido supuestamente torturada. La Rosa contó que fueron quemaduras provocadas durante sus interrogatorios. El doctor Jesús Noriega se encargó de la rehabilitación de Leonor La Rosa y la examinó, aproximadamente, durante todo el mes de marzo de 1997, antes de que ella mostrara sus heridas.

Noriega negó haber visto alguna vez haber visto las heridas en las manos de la ex agente del SIE: “Hubiéramos reparado en ello y quizás habríamos recomendado alguna terapia para las manos. Sería muy difícil que se nos haya podido trabajar, ya sea mi o a mi personal que estaba trabajando con ella al lado, haciendo los ejercicios”.

El doctor Noriega se encargó “de supervisar el programa de rehabilitación en base a un programa de masajes, ejercicios, para que la paciente vaya recuperando su capacidad de sentares, de permanecer de pie, de recuperar su equilibrio. La paciente debe tener sólo un polo y una truza. Las manos están libres”.

Pero todavía hay más. Durante aquellos días en rehabilitación, el doctor Wilelmo Zorrilla, el psiquiatra que había atendido a La Rosa un año antes, la visitó en su cuarto de Hospital Militar, según él, 3 días antes de que La Rosa mostrara sus heridas en televisión.

Zorrilla cuenta que Leonor La Rosa lo reconoció de inmediato y se alegró al verlo. Un año antes, en 1996, él había firmado el peritaje médico que permitió que La Rosa tenga el grado de aptitud psicosomática “A” y que pudiera regresar a trabajar.

La Rosa y Zorrilla conversaron durante una hora y la paciente se abrió ante su doctor. Estas son las palabras textuales del doctor Zorrilla sobre aquel encuentro: "Me contó que había estado sometida a un interrogatorio intensivo, pero no dijo nada de golpes ni de violaciones. Se quejaba sobretodo de que sus propios compañeros la hayan interrogado. Me contó, incluso, que querían que ella denunciara a un jefe suyo y que ella por lealtad no lo había hecho".

El doctor Zorrilla recuerda claramente que La Rosa no tenía las manos vendadas, tampoco recuerda que haya tenido heridas en las manos. La Rosa no le dijo nada sobre estas heridas. La misma versión del doctor Noriega, jefe de rehabilitación. Lo extraño es que el encuentro entre Leonor La Rosa y el doctor Zorrilla ocurrió, según el doctor, aproximadamente 3 días antes de que la suboficial mostrara estas heridas en sus manos.

Además, Zorrilla agregó un dato muy importante: "Durante toda la hora que conversamos, Leonor, aparentemente, no recordaba lo que sucedió en el Hospital Militar. No recordaba la operación, ni la etapa de cuidados intensivos. Era como si acabara de salir de los interrogatorios".

El doctor afirmó que cuando la vio los síntomas físicos de La Rosa eran temblores en las manos y falta de agilidad y flexibilidad en la parte motora. Y añadió que cuando la vio en televisión, 3 días después, se sorprendió de que su estado hubiera empeorado tanto en tan pocos días. "Lo que vi en televisión era incongruente con lo que había observado personalmente días atrás”, precisó.

Estos dos médicos examinaron personalmente a La Rosa en marzo de 1997 y coincidieron en que la suboficial tenía la columna intacta, que no tenía lesiones cervicales y que la secuela neurología que tiene fue originada por el paro cardiorrespiratorio que sufrió durante la operación.

Ambos son médicos y tienen especialidades que les permiten estar en contacto cercano con sus pacientes. Uno es psiquiatra y el otro rehabilitador. Ambos también coincidieron en que, en esas semanas, la paciente pasó por una situación de estrés límite. La misma razón que motivo el cuadro de neurosis histérica que presentó Leonor La Rosa entre 1994 y 1996.

“QUIERE LLAMAR LA ATENCIÓN”

Agenciaperu.com mostró los peritajes originales al psiquiatra Jorge Pizarro, especializado en psiquiatría forense. El doctor leyó los informes y dio su opinión al margen del conocimiento público de la paciente en cuestión.

Pizarro señaló a este medio que en este caso una persona “que tienen estas características se les conoce como personalidades border line o límite, con poca tolerancia a la frustración. Siempre van a dividir las cosas en buenos y malos, ósea o estás a favor mío o en contra mía, tienen tendencia a manipular”.

En este sentido, "un paciente que está deprimido le cuenta al doctor que esta mal, que esta enfermo, que esta ansioso, que todo le fatiga. Pero si usted le pide que repita la historia, está cansado, se cansa al hablar. En cambio, en el trastorno de personalidad a todo el mundo le cuenta su historia para captar la atención y hacer de víctima, es decir, para dar pena."

“Como cualquier histérica quiere llamar la atención, lo que pretenden es siempre llamar la atención de cualquier manera y eso incluye las enfermedades”, añadió.

“Los trastornos de personalidad reciben tratamiento pero no se pueden corregir, los trastornos de personalidad no se curan. La histérica siempre va a querer atención, no va a reconocer lo evidente, es como alguien que se cree su propia mentira”, finalizó.

 
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