
El ilustrador e infografista Marco Ruiz es el único peruano ganador del premio Pulitzer, máximo galardón de la prensa mundial. A 12 años de su conquista en Nueva York, sus tradicionales pinceladas de humor ahora exploran nuevas imágenes del mundo, con una cámara fotográfica en mano. En su primera entrevista (en persona) con un medio blanquirrojo, Ruiz plantea y patea su tesis sobre la re-construcción de la peruanidad de un in migrante en los yunaites...
Miami.- Lincoln Road, el boulevard de la bohemia en South Beach, es un desfile de modas a toda hora. Las tangas e hilos más dentales del planeta componen mi miopía, de una. Y en ese vaivén de cueros bronceados aparece cojeando un "enyesado" con bota de fibra de vidrio. Es Marco Ruiz, un peruano que acaba de meter la pata. Despertó a un millón de revoluciones, pateó la cama y se quebró los huesos.
Más que la pierna, lo que le duele a Ruiz es que por esos días no puede montar su moto "Scooter", con la que suele cruzar el Venetian Channel para ir a su chamba en el Miami Herald, donde trabaja como ilustrador desde hace seis años.
- Maestro, ¡qué buena vista hay por acá!
- Impactante. Por eso uso lentes oscuros. (Jajajajaja...)
- ¿Y tanta ropa de baño en South Beach te deja pensar?
- Es que realmente, South Beach es un espacio artístico, que invita a la creatividad. Este lado de Miami, es una ciudad que no duerme, quizás tanto como Nueva York, pero nunca más que Madrid.
- ¿Y por qué recalaste por aquí?
- Una larga historia, como la de todo peruano, como la de todo inmigrante.
- Pero tu historia tiene un capítulo mundialmente exitoso, el Pulitzer...
- Es importante precisar que fue un trabajo en equipo, referido al abuso de la mujer en el mundo. Yo trabajaba en el diario Dallas Morning News y me encargué la parte visual del informe, específicamente de los gráficos. Ganamos en la categoría reportaje internacional en 1994. Pero yo lo veo como que "I was at the right time, at the right place" (yo estaba en el momento preciso en el lugar correcto).
- ¿Cómo fue la ceremonia?
- La premiación en la Universidad de Columbia, en Nueva York, fue bellísima. Una ceremonia significativa, pero muy modesta. Sobre todo eso, muy modesta, no con toda la babosada de los premios Oscar.
- Y te codeaste con la élite del periodismo mundial...
- Durante la ceremonia conversé mucho con Kevin Carter, un fotógrafo sudafricano que trabajaba freelance para el New York Times. Él ganó por una fotografía dramática: un buitre esperando la muerte de un niño en medio de la hambruna que devastó Sudán, en 1994.
- Una foto muy impactante, tanto como la historia de Carter...
- Así es. Durante la ceremonia conversamos bastante, porque aquel año, él también era el único periodista en la historia de su país que había ganado un premio de esa importancia. Él, sudafricano; yo, peruano. Fue muy simpática la conexión que establecimos. Pero a los pocos meses, una fotógrafa amiga mía, me enseñó una revista... Carter se había suicidado. Conectó una manguera desde el tubo de escapé al interior de su auto. Murió asfixiado con el monóxido de carbono.
- ¿De qué hablaron en la premiación?
- Recuerdo que le pregunté qué había hecho después de tomar la foto del niño con el buitre. Él me dijo que primero tomó la foto, porque eso representaba toda la porquería que ocurría en ese lugar. Luego espantó al buitre, abrazó al niño y de ahí se puso a llorar con la criatura. Me decía que había sido algo muy fuerte. Otro de los premiados en aquella ceremonia fue un fotógrafo manco, por la foto de un soldado americano cuyo cadáver lo pasearon por las calles de Somalia. Son parte de las atrocidades que vivimos en nuestro mundo.
- Y tu te has dedicado a retratar un rostro distinto del mundo...
- Me encanta viajar. Me apasiona la historia de las civilizaciones, las culturas, sus olores, colores y sabores. Y mi afición por la fotografía empezó junto con mi experiencia de inmigrante. Yo estudié en el colegio Maristas de San Isidro, en Lima, donde los curas me regeñaban por hacer dibujitos que hoy me dan de comer. Luego ingresé a la Universidad de Lima, pero estuve ahí sólo un ciclo y medio. En 1977, una tía me animó a viajar a Oklahoma. Como nuevo inmigrante me di cuenta que yo ya no pertenecía al "club". Era un extranjero y la única forma de surgir tanto como los estadounidenses era con mi cabeza. Entonces mientras más aprendía de ellos, de su historia, y de las diversas civilizaciones del mundo, podía competir de mejor manera. Y todo fue un bacilón, mucho más por mis viajes, mis fotos. Así amplié mis fronteras de satisfacción personal.
- Tienes un alma errante...
- En realidad es un vicio por el viaje. Me alimenta el cerebro. Y me encanta que la gente disfrute las imágenes que puedo registrar. Me llena bastante.
- ¿Muestras el Perú al mundo?
- Claro. En el 2002, viajé al Cuzco con Fabiola Santiago, una periodista del Miami Herald, que quedó fascinada con Machu Picchu. Cuando regresamos, ella escribió sobre la Ciudad Inca y utilizó mis fotos en el diario.
- ¿Cómo crees que se construye la imagen del peruano en Estados Unidos?
- En términos generales, el peruano tiene la imagen de ser muy trabajador. Si yo pusiera mi empresa contrataría peruanos. Tengo la tesis de que el peruano es capaz de adaptarse al orden y a la moral del sistema, incluso más que otros latinos.
- Mientras que en tierra propia impera el caos...
- Lamentablemente, la visión de patria acompañada de sentido de respeto y preocupación por otra persona sólo brota en los partidos de fútbol. Recuerdo que para las eliminatorias de Argentina 78, le ganamos a Chile. En las tribunas nos abrazamos con gente que ni conocíamos. Cuando todo acabó, afuera del estadio había una señora pidiendo limosna y nadie le hizo caso. Eso no lo entiendo hasta ahora.
- Los éxitos y taras de la comunidad peruana siguen creciendo en Miami...
- Miami es un híbrido. Lo que más me gusta de la ciudad son los latinos en general. Y lo que que menos me gusta, también son los latinos, en particular. Hemos traído las cosas más buenas, nuestro sabor, nuestros colores. Pero también exportamos nuestro caos. Hay gente que ya se cruza las luces rojas. Y eso no es bueno para nuestra imagen, más aún con los problemas de inmigración y xenofobia que aquí existen actualmente.
- ¡Que la fuerza te acompañe!, se despediría Yoda.
- Fuerza y suerte. Siento que he tenido mucha suerte en mi vida. Tengo una familia hermosa, unos padres excelentes. Tuve la suerte de haber venido a Estados Unidos y que me paguen por hacer lo que me gusta. Es como un jugador de fútbol, que cobra por jugar fútbol y encima tiene la posibilidad de hacer goles de media cancha.
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Marco Antonio Ruíz, el único peruano que ha ganado el premio Pulitzer
Comments (1)
muy buen post y el blog tambien, te felicito....
saludos
Posted by Rodrigo | Octubre 29, 2006 8:14 PM
Posted on Octubre 29, 2006 20:14