Acabo de leer la nota sobre mi encuentro literario pugilístico con el colaborador de su página web. Reconozco que perdí los papeles y asumo mi responsabilidad, pues no suelo evadirla en ningún caso.
Ahora bien, hay algunos datos que ustedes como agencia de investigación, deberían de haber investigado y no valerse de una sola fuente. En primer lugar, no fue un ataque cobarde. Cobarde hubiera sido contratar a otra gente para que golpeara a su colaborador o pegarle yo mismo a traición (o sea por la espalda). Los presentes en el evento pueden dar fe de lo siguiente: Me levanté de mi asiento y me paré delante de su colaborador, nunca estuve de costado o hice un amague de irme y luego lancé el golpe, eso es una mentira y espero que ustedes puedan constatar mi versión. Todo ocurrió cara a cara y no cuando su colaborador estaba hablando, pues fue en un momento donde la discusión se trabó cayendo en un silencio de tensión.
En segundo lugar, ese sujeto que hace comentarios en su página web nunca hizo caso a mis requerimientos de debate, pues mi mayor inquietud era saber por qué comentó mi libro con tan mala leche, sin apoyar sus opiniones en argumentos de fondo. Le doy un ejemplo en términos futbolísticos: yo puedo decir ese jugador juega como una madre (es una expresión del fútbol), pero hay que saber por qué juega así, porque es lento, porque no domina las dos piernas, porque no sabe cabecear, etc. Si se da el trabajo de leer los comentarios de su colaborador, notará que hay un porcentaje increíble de mala leche. ¿Por qué desperdiciar un espacio (tan escasos para los libros) en atacar no solo a los libros de otros autores, sino en hacer burla de estos mismos? Ojo, mi intención no era defender mi libro, sino defenderme yo como autor. Los libros pues deben ejercer su propia defensa una vez publicados.
En tercer lugar no creo que Carlos Gallardo y Javier Ágreda estuvieran invitados al encuentro, para ello hay que revisar el afiche del evento que sólo anunciaba dos nombres, el mío y el de su colaborador si mal no recuerdo. Y desde un comienzo sólo fuimos nosotros los invitados, nadie más. De otra parte reconozco que sí es cierto que su colaborador propuso desviar el debate hacia otros temas, pero a mí no me gusta que me ataquen y luego escondan la mano. ¿Por qué nunca hubo argumentos de parte de su colaborador?, es una interrogante que me persiguió durante todo el debate.
Llevó publicando libros y diversos textos desde hace 9 años y conozco el ambiente literario y cultural. Sé como todos los implicados que hay comentaristas cumplidores, sobones, mala leche, en fin, de toda clase. Y con todos me he topado. Incluso alguna vez fue vapuleado en una librería por un escritor sanmarquino, pero solo me quedó reírme, pues me quedé desarmado: sus argumentos no los compartía pero eran contundentes y no tenía palabras para responder. Sin embargo, esa vez sí hubo un análisis y una persona que explicaba sus opiniones. En el caso de su colaborador, sería bueno que aprendiera a hacerlo para que no descargue sus frustraciones o lo que sea, contra otros. Todo lo cual no me quita responsabilidad en ese ojo morado, producto de mi ira, a mi modo de ver, explicable.
De mi parte, el caso es asunto cerrado.
Espero que mi derecho a réplica sea atendido y que ustedes puedan tener su propia versión de los hechos, lamentando que no me hayan llamado para consultar lo sucedido, aventurándose a dar una sola parte de la historia, donde los involucrados son dos.
Gracias.
Sergio Galarza.